Cuando uno llega a Kyoto y abre la guía, se encuentra con tal cantidad de cosas para visitar que no sabe que preguntar cuando va a la oficina de turismo. Para más INRI, la gran mayoría de esas cosas son templos, y a algunos nos empieza a invadir una especie de angustia y la certeza de que vamos a sufrir un empacho. Sin embargo al final no es esa la sensación que nos llevamos de Kyoto. Hay algunos lugares que nos han impactado de manera especial:
Los templos están ubicados en bosques o rodeados de jardines japoneses perfectamente cuidados de una belleza impresionante. Kiomitzu-dera, está situado en la ladera de una de las montañas que rodean la ciudad, inmerso entre arboles de gran tamaño y desde sus edificios se puede contemplar toda la ciudad de Kyoto. Al salir, es agradable pasear con calma por las calles del barrio antiguo que descienden a sus pies, descubriendo cientos de pequeños detalles.
En Ryoan-ji se encuentra el famoso jardín zen y contemplándolo uno puede dejar volar la imaginación y abstraerse de la multitud de visitantes que hay a sus espaldas.
El pabellón dorado de Kinkaku-ji aparece de repente entre los árboles como una caja de música reflejándose en el lago. Es de una belleza exquisita y no guarda ningún parecido con el resto de los templos que iremos viendo a lo largo de nuestro viaje.
Situado a 1 km de la ciudad está el templo Fujimi-inari , miles de toris pintados de un intenso color naranja forman un laberinto de túneles que ascienden por la ladera de la montaña. Por la noche, el templo está oficialmente cerrado, pero se puede pasear por los túneles con el camino iluminado por los farolillos de piedra encendidos. Ya no hay tiendas de souvenirs y los turistas son sustituidos por parejas, deportistas haciendo futting y gente paseando por este lugar que adquiere un aspecto mágico cuando desaparece el bullicio.
Pero no todo son templos, el bosque de bambú formado por miles de gruesas cañas rectas resulta muy exótico para nosotros, está atravesado por la vía del tren y desciende hasta el río Kamo-gawa , flanqueado por montañas pobladas de arboles. Por sus orillas se puede pasear y comer en las terrazas mientras contemplamos a los halcones pescar en el rio y el ir y venir de las barcas.
Por la noche visitamos el barrio de Gion formado por casas de madera y calles iluminadas por farolillos rojos de papel llenas de restaurantes y de tiendas en donde se puede ver a las gueishas yendo de un lado a otro. Muy cerca está Pontocho que tiene una calle paralela al río llena de restaurantes y bares, algunos con música de jazz en directo. A lo largo del río hay un paseo muy agradable con músicos tocando en la calle.
Sin duda la moderna estación de Kyoto nos impresionó especialmente y la subida a la Kyoto Tower, situada enfrente de ella, ofrece unas impresionantes vistas de toda la ciudad. Dispone además de prismáticos con un aumento considerable que permiten identificar los templos y edificios y admirar la entrada y salida de los Sinkansen en la estación. Sin duda es una buena opción para terminar la visita a esta ciudad tan cargada de historia.


