La llegada hasta Koyasan resulta un poco dura, sobretodo si vas cargado con una gran maleta. Desde Kyoto hay que coger un tren hasta Osaka, allí coger una especie de metro local, coger un tercer tren regional de montaña que resulta precioso de paisaje pero cansado de trayecto (con transbordo inesperado en un pequeño pueblito llamado Hashimoto) y finalmente coger un funicular que sube un montón de metros en tan solo cinco minutos. Una vez en Koyasan un autobús te lleva en cinco minutos hasta el templo.
¡Pero la llegada al templo te hace olvidar rápidamente todo ese ajetreo!
El templo está en medio del bosque y solo se respira tranquilidad. Lo primero que sorprende al llegar es que justo al lado de la entrada tiene un jardín zen muy bien cuidado y con toda la gravilla ordenada en dibujos.
Al entrar en el templo la cosa no cambia, sigue el ambiente relajado y tranquilo aunque es enorme y hay muchas habitaciones (varias de ellas ocupadas). Se trata de un edificio que va subiendo por la ladera de la montaña y está todo rodeado de árboles y jardines muy bien cuidados. La comodidad y limpieza de las habitaciones son elocuentes, aunque nos sorprende que al ser un grupo de amigos nos hagan dormir chicos con chicos y chicas con chicas. Y por supuesto todos en tatami (cama japonesa).
El templo tiene un “onsen” (baño japonés) con su pequeña piscina de agua caliente y duchas alrededor para asearse. También tienen una máquina de bebidas en uno de los pasillos en la que puedes comprar agua, refrescos…
A las seis sirven la cena. Se trata de una cena propiamente japonesa con numerosos platitos con varios tipos de comida , pero hay que explicar que es comida vegetariana ya que en el templo no se come ni pescado, ni carne, ni cebolla, ni ajo. La cena transcurre en un silencio que solo rompe algún chiquillo que no puede estarse quieto.
Por la noche, y ya en las habitaciones, se puede compartir un buen rato con los amigos pero no se puede trasnochar ya que por la mañana hay la posibilidad de ir a la ceremonia budista del templo donde se pueden oír los cantos de los monjes. Es fantástico. Vale la pena madrugar para verlos y oírlos.
Después de la ceremonia, a las siete de la mañana, sirven el desayuno con lo cual a las ocho ya estas fuera y te queda todo el día por delante para visitar Koyasan con sus templos, su cementerio, sus parques…
Ciertamente el ir a Koyasan no es fácil, es cansado y requiere cierto esfuerzo y tiempo pero creemos que sobretodo la noche en el templo pero también la visita de la zona justifica sobradamente el esfuerzo.
¡Pero la llegada al templo te hace olvidar rápidamente todo ese ajetreo!
El templo está en medio del bosque y solo se respira tranquilidad. Lo primero que sorprende al llegar es que justo al lado de la entrada tiene un jardín zen muy bien cuidado y con toda la gravilla ordenada en dibujos.
Al entrar en el templo la cosa no cambia, sigue el ambiente relajado y tranquilo aunque es enorme y hay muchas habitaciones (varias de ellas ocupadas). Se trata de un edificio que va subiendo por la ladera de la montaña y está todo rodeado de árboles y jardines muy bien cuidados. La comodidad y limpieza de las habitaciones son elocuentes, aunque nos sorprende que al ser un grupo de amigos nos hagan dormir chicos con chicos y chicas con chicas. Y por supuesto todos en tatami (cama japonesa).
El templo tiene un “onsen” (baño japonés) con su pequeña piscina de agua caliente y duchas alrededor para asearse. También tienen una máquina de bebidas en uno de los pasillos en la que puedes comprar agua, refrescos…
A las seis sirven la cena. Se trata de una cena propiamente japonesa con numerosos platitos con varios tipos de comida , pero hay que explicar que es comida vegetariana ya que en el templo no se come ni pescado, ni carne, ni cebolla, ni ajo. La cena transcurre en un silencio que solo rompe algún chiquillo que no puede estarse quieto.
Por la noche, y ya en las habitaciones, se puede compartir un buen rato con los amigos pero no se puede trasnochar ya que por la mañana hay la posibilidad de ir a la ceremonia budista del templo donde se pueden oír los cantos de los monjes. Es fantástico. Vale la pena madrugar para verlos y oírlos.
Después de la ceremonia, a las siete de la mañana, sirven el desayuno con lo cual a las ocho ya estas fuera y te queda todo el día por delante para visitar Koyasan con sus templos, su cementerio, sus parques…
Ciertamente el ir a Koyasan no es fácil, es cansado y requiere cierto esfuerzo y tiempo pero creemos que sobretodo la noche en el templo pero también la visita de la zona justifica sobradamente el esfuerzo.